domingo, 31 de mayo de 2015
No veo la vida pasar. Observo a mi alrededor, pero todo está quieto, inmóvil. Los pájaros vuelan y cantan, la gente hace el yin yang, el sol se pone, pero el tiempo no corre, no hay tiempo. ¿Sin tiempo hay vida? Miro el sol, me toca, me da vida y me mata. Respiro el aire, me toca, me da vida y me mata. Todo es bueno y malo, todo es blanco y negro, todo es todo. Veo unas montañas, una ciudad, un mar, un cielo. ¿Tiene algún significado la vida? Es tan precioso lo que veo. Silbo a una golondrina, ella me responde, una verdadera amiga. Al fondo, dos pájaros atados por hilos invisibles, se alejan, siempre unidos, uno al lado del otro, inseparables, infinitos, eternos. A veces sueño que tengo alas, que floto, que soy libre. Tengo fe en mi sueño. Manchas de pintura blanca esparcidas perfectamente sobre el universo, a veces azul y a veces negro. La naturaleza es tan sumamente perfecta en su desperfecto orden; sus colores, sus números impares, su dulzura, su crueldad. Te amo. No sé seguro a quien me dirijo, a lo mejor hablo sola, tal vez quiero a la nada, pero este sentimiento que yo siento es tan puro, tan fresco, tan intenso, que prefiero morir loca por fantasía de amor a no sentir lo que siento en estos momentos. Cuanta paz y cuanta guerra se esconde detrás del horizonte. Cuantas vidas hay por contar y descontar. ¿Venimos por algún motivo? No entiendo nada, no sé nada, pero soy humana, y no es una excusa, es lo que soy, una debilidad en una habilidad. Todo es bueno y malo, todo es blanco y negro, todo es todo. Tantas preguntas sin respuesta aguardan en mi trastero, pero la vida sin preguntas no sería vida, por lo tanto, el día que entienda la vida, el día que por fin encuentre las respuestas tan profundamente ansiadas, ese día, moriré, y ya nada tendrá sentido. Si más allá de este mundo me espera otro, ruego para que sea igual a este, porque mi añoranza sería tan grande que moriría tantas veces como hicieran falta para volver a estar donde me encuentro posada en estos momentos. El tiempo es una mesura humana, pero ahora que estoy aquí arriba, soy todo menos humana; soy aire, soy luz, soy polvo. El tiempo aquí arriba no existe, aquí la vida es eterna, aquí mi alma es inmortal. Cuando baje y vuelva a la vida, a las constantes sumas y restas, sólo en ese momento, pondré la pila al reloj de pared.
miércoles, 27 de mayo de 2015
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