Siempre entre cuatro paredes, una cerradura sin llave y una cámara de vigilancia. Días y más días dentro de esta jaula, donde la soledad ha sido mi mejor amiga, como siempre. De nada ha servido escarbar, estas paredes están revestidas de acero macizo, como prueba mis uñas. Dormir sin fin es lo que más desea mi subconsciente, pero mi corazón no deja de darme pequeños empujones hacia la esperanza, esperanza de palpitar libre algún día. No sé si las voces que escucho son reales o simples voces amigas de mi locura, prefiero pensar que son reales, como todo lo que me rodea. Aveces parece que el pomo de la puerta se mueve, pero todo son falsas visiones de mi desesperado cerebro. La agonía y la desesperación aquí dentro son eternas, no tienen escapatoria, al igual que yo. Muchas veces pienso que todo es un sueño, que en algún momento despertaré y todo terminará, luego me doy cuenta que ni los peores sueños durant tanto.
Hoy es el día, el día en el que llega mi salvador, el día en que por fin seré libre. Tanto tiempo llevaba esperando este momento, me moría de ganas por respirar otro aire que no fuese este, ver otro color que no fuera el negro, oler otro olor que no fuera a azufre. Justo en el momento, en ese momento, el más ansiado, hiciste volar la puerta por los aires. La luz más clara y brillante que nunca antes había visto entró por la puerta, acompañada por un ligero perfume a flores y frutas del bosque. Y allí estabas tú, tal y como había imaginado que serías, perfecto para mí.
Con pocas fuerzas me levanté y me acerqué, dos esmeraldas me miraban fijamente, me perdí en ellas. Sin previo aviso acariciaste mi mejilla, la qual reaccionó a tu tacto y se encendió como el carmín. Acercaste tus labios a los míos, pero los detuve con mi dedo índice, y te abracé. Dos lágrimas brotaron de mis ojos, dos gotas de plenitud que hace tanto tiempo esperaba que surgieran. Al separarnos, dos hoyuelos se asomaron en tu rostro, los besé, y entonces besé tus labios. Las heridas de tantos años desaparecieron para dar lugar a una nueva yo, una yo renovada, más pura y fuerte que nunca. Seguidamente tomaste mi mano, que encajaba perfectamente con la tuya, como si hubieran sido hechas para estar eternamente entrelazadas, y me guiaste hacia el exterior. Por primera vez pude sentir la libertad con todos los sentidos. Por fin era libre.
Ahora me encontraba debajo de un inmenso cielo azul y con la estrella más brillante a mi lado.
He llegit ara aquesta entrada i m'he quedat sense alè. M'encanta com has descrit el que sent la narradora quan està tancada, i també com has narrat tots els seus sentiments quan el veu.
ResponderEliminarMoltes gràcies Carla, aprecio molt que t'hagi agradat aquest petit relat.
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